EDUCACION Y ORIENTACION MEDIANTE CUENTOS (1)

Por: CRISTINA MARTINEZ
Escritora
Argentina


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Para nuestros hijos lo mejor de nuestros abuelos

Al nacer tenemos en nuestro interior un sinfín de cualidades o virtudes en germen, que esperan ser desarrolladas a medida que vamos creciendo. Son dones verdaderos del mundo del que procedemos y serán herramientas para nuestro quehacer en el cumplimiento de nuestros designios aquí, en nuestro caminar sobre la tierra.

Así como hay que preocuparse por el desarrollo correcto del niño, de su sana alimentación, de la calidez y el cariño que lo circunda, de la protección y cuidado de sus horas de sueño, hay que preparar en él el campo en el que puedan germinar sus virtudes en forma correcta.

A esto nos ayudan los cuentos de hadas

Damos lo mejor para ellos y en ellos brotan las mejores cualidades, pues imitan interiormente los personajes de cada historia. Es por eso que los niños los quieren con tanto fervor; piden un cuento una y otra vez y no se cansan de escuchar lo mismo día tras día. Esta es la señal de que es justo el que está necesitando en ese momento. Podemos llegar a percibir qué es en realidad lo que nos está pidiendo...

Pide su alimento espiritual, de la misma manera como pide su comida, o la atención para alimento de su cuerpo físico y anímico.

Un cuento antes de dormir, ayuda a aplacar todo lo estimulado en exceso durante el día, en que sus sentidos están tan expuestos a ruidos, luces, agresiones.... y eleva al niño a otro nivel, ya cansado de tantas exigencias exteriores, pudiendo tener un sueño calmado y lleno de hermosas imágenes.

Ahora que estamos en verano y estamos más afuera de nosotros mismos por el calor, escuchar un cuento permite en forma terapéutica al niño entrar en sí mismo por un tiempo y así "ordenarse" interiormente.

Observando el efecto sanador de los cuentos, podemos ir teniendo la intuición de qué cuentos nos está pidiendo un niño, qué necesita desarrollar o qué necesita modelar en sí.

Por ejemplo contaremos a un niño que tiende a tener todo como el primero y no dar de lo suyo a nadie "Los Ducados caídos del Cielo" o a otro que pregunte por la muerte "Madre Nieve" o "La Muerte Madrina". A un niño miedoso "El Príncipe Valiente" o "Juan Sin Miedo". Todos los mencionados son de los hermanos Grimm.

Se puede buscar en cada cuento qué es lo que se resuelve, lo que se alcanza, y qué trabas hay que superar. Para ello hay que profundizar al leerlo en las imágenes que viven en su contenido.

Estos relatos encierran como esencia la clave de un correcto "preparar el alma del niño", para que en ella florezcan las cualidades espirituales como rosas rojas en el momento del despertar como nos narra el cuento por ejemplo "La Bella Durmiente del Bosque", que comento a continuación.

Comentario sobre La Bella Durmiente

Ha sido un gran anhelo desde siempre que la "estirpe real" del ser humano no se extinga, pues llega un momento en que podemos preguntar si va a seguir siendo un proceso natural o realmente hay peligro de extinción en lo "regio" en el alma humana.

El primer paso es tener el anhelo, después hay que sumergirse en el agua de la fuente espiritual para que nuestras envolturas demasiado endurecidas y pegadas al cuerpo físico, se ablanden, se desprendan un poco y así puedan dar paso a algo nuevo, una fuerza joven, niña, que quiera brotar. Es la rana la que anuncia a la reina ("Tu deseo será cumplido, antes de que pase un año traerás una hija al mundo"), pues ella es habitante en dos ámbitos a la vez, como anfibio vive en el agua y sobre la tierra. Anuncia la lluvia con su croar, presiente los cambios y se cumplen. Ese fino presentir en lo profundo de nuestra alma.

Es un gran suceso el nacimiento de una princesa, por tanto son invitadas doce hadas para que sean favorables; ellas representan las doce fuerzas zodiacales que regalan al alma recién nacida sus virtudes en su descender.

Pero en el reino hay sólo doce platos de oro en donde pueden comer y saben que hay trece hadas y no invitan a la decimotercera. Esta fuerza es la que está por encima de las doce. Es la vida misma, la fuerza creadora primordial. Y si no se la invita, la princesa debe morir. La vida más sublime fluye hacia el alma y al ver que no es "invitada", se transforma en sentencia de muerte. Once hadas han otorgado sus dones, sólo la duodécima puede aplacarla y transformarla en sueño de cien años. Una época en que el alma tendrá que dormir, estar en sueños para con el mundo superior, el que está más allá del zodiaco mismo. Por un huso se producirá, y aunque todos los husos del reino son quemados, queda uno en lo alto de la torre.

Cuando llegamos a los quince años, podemos decir que el proceso de aprendizaje del pensar racional llega a su meta. El niño comienza a pensar alrededor de los tres años, pero todavía no es un pensar individual, comienza a serlo a los siete años.

Esto ocurre cuando lo paterno-materno no está en palacio, tienen que salir justo en el momento en el que se va a producir este cambio. No tienen que influir en nada en la nueva etapa. El pensar se independiza del resto del ser subiendo solo a la cabeza, la torre de nuestro cuerpo. Termina el pensar infantil, lleno de imágenes vivas y comienza el abstracto e intelectual. El huso que hila los pensamientos pincha y adormece el alma y, con ella, a toda su corte. Todo el ser duerme con el alma, creciendo a su vez el seto de espinas a su alrededor. El alma joven en esa edad rechaza lo que le viene de afuera, responde con aguijones y queda sumida en un profundo sueño que durará un tiempo, una época del alma.

Y se hablaba de la Bella Durmiente...

Ahí comienza la leyenda, el cuento, la saga, cuando algo que ha pertenecido a la "realidad" queda envuelto, inaccesible a los ojos humanos. Entonces se narra y pasa de unos a otros en forma oral hasta que alguien los recopila, como hicieron los hermanos Grimm, por ejemplo yendo de pueblo en pueblo, escuchando los relatos de los ancianos.

Y pasaron muchos años y llega la fuerza del Yo de otro reino, el príncipe, el verdadero, que llega en el momento justo en que han transcurrido los cien años. Los anteriores quisieron forzar la entrada y fue inútil.

Las zarzas se abren para él, floreciendo a su paso. Puede, triunfante, atravesar todas las envolturas del alma hasta llegar a lo más íntimo, donde, con el gran amor que se enciende en él, la despierta. Con ella, todo su ser.

Este misterio del despertar está conectado con la purificación de la sangre. Cuando las fuerzas del amor se subliman, la sangre se transforma. Es la imagen de la transformación que se produce cuando una rosa roja puede florecer de un tallo lleno de espinas, duro y leñoso. Son fuerzas de vida nueva que nos conducen a la unión más elevada con nuestro Yo superior.

Irradiando felicidad por el nuevo salir a la luz del día manifestándose en toda la belleza de lo que esta boda significa, quedamos llenos de esperanza de que el príncipe está en camino.