ARTE Y TERAPIA

Por: MARIA DE FELIPE
Colaboradora de AEQUO
Alicante


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Los que vivimos en ciudades dónde la prisa y el ruido de fondo son nuestro hábitat, no nos damos cuenta hasta que punto esa forma de vivir está arruinando nuestras vidas. Raras veces somos conscientes de la contaminación y el envenenamiento que nos produce esa manera de vivir apresurada en la que no tenemos tiempo de disfrutar de nada, corriendo de un lado a otro, dispersos por la multitud de quehaceres que nos impone el ritmo cotidiano de la ciudad.

La mayor parte de nosotros no podemos elegir nuestro lugar de residencia, pero si podemos elegir reservarnos un tiempo para la calma y el silencio, y no dejar este recurso para la jubilación. Se trata de reequilibrar el cómo vivimos ahora e ir introduciendo tiempos de ralentización y no pasar, como se hace actualmente, de la actividad total a la total pasividad ante, por ejemplo el televisor, o la edad de jubilación.

Muchos de nosotros ya cultivamos actividades que nos relajan y entretienen. Lo que no llegamos a percibir es cuánto de saludables tienen esas actividades de ocio cuando no introducen un mayor apresuramiento o exigencia en nuestras vidas. Estar toda la vida corriendo de un lado para otro en la ciudad y luego buscarnos una actividad que también nos siga apresurando es la forma de estar cada vez más dispersos y neuróticos.

Estar toda la vida intentando conseguir algo, un aumento de sueldo, un puesto de trabajo mejor y luego dedicarnos a una actividad de ocio exigente, en dónde se nos califica o se nos pone a prueba una vez más, esa abundar siempre en lo mismo, y de eso ya tenemos bastante.

No podemos encontrar tiempo libre, lo tenemos que crear nosotros mismos.

Nosotros mismos somos responsables de proporcionarnos espacios de libertad y silencio. Espacios en dónde no nos encontremos sujetos a juicio o calificación, ni que tampoco tengamos que llenar forzosamente de palabras.

La práctica artística ha sido desde siempre un medio de crear esos espacios íntimos de silencio, soledad y ensimismamiento gozoso. La contemplación y el aprecio a través de una educación en la armonía y la belleza va haciéndonos más conscientes del instante presente y del cotidiano milagro que encierra.

El arte, la expresión artística tiene asimismo un enorme efecto sanador, que no deriva sólo de la práctica relajada de la contemplación, sino asimismo de la expresión de nuestra manera de hacer, de la calidez del trabajo manual y de la profundización y expresión de nuestros estados de ánimo.

Os propongo recuperar el Arte, la actividad artística como un medio de equilibrar nuestras vidas apresuradas de urbanitas. Una forma de crear nuestros propios espacios de libertad y silencio y calma, en dónde maravillarnos ante el milagro de la belleza en la que estamos constantemente inmersos.