TE PROPONGO... APACIGUAR LA MENTE






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La prisa, la ansiedad, el estrés, la inquietud, son estados emocionales que todos vivimos en mayor o menor frecuencia. La falta de tiempo, el exceso de ocupaciones y responsabilidades, las tensiones laborales o familiares, van creando un estado crónico de nerviosismo, que poco a poco va minando la salud de sistema nervioso, y por consiguiente la del resto del organismo.

Dedicar un tiempo a la reflexión, y descubrir no solo las causas externas de nuestro problema, sino y sobre todo las causas internas, la manera en la que percibimos las cosas y las situaciones, es esencial para eliminar el estrés y la ansiedad.

Cuando el sistema nervioso está tenso, y la mente llena de preocupaciones, la percepción de las cosas se distorsiona, y la mente no puede reflexionar y evaluar correctamente. Esta falta de claridad en la percepción y en el juicio, nos lleva a tomar decisiones no del todo acertadas, creando acciones cuyo resultado final, será en mayor o menor medida, doloroso para uno mismo, para los otros, o para ambos.

Si la calidad de nuestra conducta, de nuestro comportamiento, depende del estado de nuestra mente, es obvio que algo debemos hacer con relación a la mente misma.

Te propongo apaciguar la mente.

Una mente tranquila, liberada en buena parte del estrés y la tensión, es una mente más clara y atenta, más consciente. Solo la conciencia puede garantizar una acción correcta, un comportamiento adecuado.

A lo largo del día, tomate unos minutos para ti, para establecer una relación con tu cuerpo y tu respiración. Presta atención a lo que haces y trata de sincronizar cuando lo haya, el movimiento y la respiración. Realiza el movimiento con lentitud.

1. Túmbate en una posición cómoda, ni demasiado blanda, ni demasiado dura, asegura que tu espalda no te moleste (coloca alguna toalla doblada en la zona cervical o lumbar). Entonces lleva tu atención a las sensaciones corporales y a tu respiración durante unos minutos. Toma conciencia de ellos.


2. A continuación dobla las rodillas para apoyar los pies en el suelo, paralelos y separados ligeramente. Coloca los brazos en cruz, y realiza 4 respiraciones profundas y lentas. A continuación coloca los brazos detrás de la cabeza y respira de la misma manera 4 veces más. Por último coloca las manos en el vientre, lleva tu atención y respiración a la zona abdominal, y respira 4 veces más.


3. Quédate con los brazos apoyados en los costados, toma una inspiración, y al espirar lleva tus rodillas al pecho, inspira al tiempo que elevas las piernas (puedes doblar ligeramente las rodillas al final), y de nuevo espirando las bajas al pecho, e inspirando apoyas los pies en el suelo. Repite este ejercicio 4 veces.


4. Descansa 3-4 respiraciones, y coge entonces tu rodilla izquierda con las dos manos, acercándola hacia el centro del pecho, respira profundamente 4 veces. Repite con la otra rodilla.


5. De nuevo con los pies apoyados, lleva los brazos por detrás de la cabeza con la inspiración, y vuelve a depositarlos en los costados con la espiración. Incrementa o disminuye la velocidad del movimiento a fin de que coincida con tu respiración. Repite 6 veces.


6. Vuelve a situar tus manos sobre el abdomen, lleva allí tu atención y respiración. Respira profundamente 6 veces.


7. Estira tus piernas si lo deseas y permanece relajado, sintiendo tu cuerpo y tu respiración durante el tiempo que dispongas o quieras. Sal lentamente, moviendo y estirando el cuerpo, y abriendo los ojos poco a poco. Después levántate despacio y dedícate a tus acciones cotidianas. Verás que una mayor calma y conciencia impregna tus actos.