EL SENDERO DEL YOGA: LA PRACTICA (1)






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En esta sociedad vivimos en una ausencia de relaciones profundas, nutritivas y sustentadoras. Vivimos deprisa, buscando una meta tras otra, en un mar de deseos inagotable; siempre hay algo que falta, algo que sobra. Perseguimos o huimos, y corremos y corremos hasta que nos falta el aliento, la paz o la salud. Permanecemos así, en la periferia de nosotros mismos, donde ninguna relación es profunda y enriquecedora, por la sencilla razón de que no hay conciencia, pues la conciencia solo existe en la Interioridad.

Todo Yoga es una camino de regreso al Interior, un recuperar la conciencia perdida, un volver a RELACIONARSE con mayúsculas. Yoga es relación. Yoga es establecer un vinculo: conmigo mismo, con mi cuerpo, con mi respiración, con el otro, o con Dios. Cada uno de nosotros tiene una necesidad especifica de relación, y por tanto su contacto con el Yoga será personal, íntimo, concreto. Cada uno de nosotros llega al Yoga, desde su propia necesidad, y esta necesidad se convierte en el punto de partida, en la semilla que, con el tiempo, se transformará en fruto.

Pero este proceso, de la semilla al fruto, de la necesidad al logro requiere de algo esencial en Yoga y que simplemente es, Abhyasa, la Práctica.

El Yoga cobra sentido sólo, cuando es practicado.

Pero, ¿En qué consiste esta "práctica de Yoga"? ¿Dónde debe ser realizada? ¿Cuáles son sus características? ¿Cuáles sus requisitos?

En términos generales la Práctica es algo que añado a mi vida cotidiana. Es un tipo de esfuerzo que necesito hacer para producir un cambio dentro de mi, ya que no puedo pretender que las cosas cambien, si no hago nada al respecto. Por tanto la primera idea de Abhyasa es hacer.

La vida nos mueve hacia fuera, a través de la tendencia exteriorizante de nuestros sentidos. Abrimos los ojos y, naturalmente vemos las formas, los colores, los paisajes; oímos y percibimos los sonidos del entorno; tocamos cada objeto que nos rodea, olemos cada aroma que nos llega y gustamos cada alimento que llevamos a la boca. Los órganos de los sentidos cumplen la función de darnos a conocer el mundo que nos rodea a través de la relación.

Pero, si bien es cierto que vivimos en el entorno que nos rodea, lo es aún más que realmente vivimos en el mundo que percibimos, y que no necesariamente coincide con el mundo y la vida de afuera. Camino de noche por una calle solitaria de la ciudad; al cabo de un rato percibo que alguien más camina detrás de mí; de forma automática mi cuerpo se pone tenso, mi corazón se acelera y apresuro el paso, sin apenas darme cuenta. Todas estas reacciones han tenido lugar no por el hecho en sí (alguien camina detrás mío), sino por la percepción de peligro o amenaza. Mis sentidos o mi percepción me engañan.

Así pues, la segunda idea de Abhyasa es que la acción debe tomar una dirección distinta de la tendencia natural de los sentidos, de ir hacia el exterior. La Práctica debe, por tanto, tomar una dirección interiorizante. Abhy, tiene la connotación de movimiento (acción) de retorno, de vuelta hacia AS, aquello que Es por su propia naturaleza, y que por tanto nunca puede dejar de Ser. Abhyasa es el descubrimiento de nuestra Interioridad, es el movimiento que lleva a descubrir que el fruto yace dormido en la semilla, que las apariencias no son la realidad, y que la percepción del mundo no es el mundo. En este proceso hacía el interior nuestra percepción va haciéndose más y más clara, más y más consciente del mundo subjetivo de los pensamientos y sentimientos, hasta que finalmente tomamos conciencia del Testigo, del Observador imparcial, del Yo más allá de la mente y los sentidos, y en ese momento alcanzamos nuestra verdadera naturaleza.

Cuando esta Práctica tiene lugar, la mente empieza a disminuir su agitación habitual y adquiere una mayor calma y serenidad, al tiempo que aumenta su poder de atención y enfoque. La percepción se vuelve más fina y precisa y aparece un sentimiento de paz y alegría. Es el fruto del Yoga naciendo de la semilla de la necesidad.