LOS PRINCIPIOS DE LA MEDICINA HOMEOPATICA






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El primer principio que rige la Homeopatía es la INDIVIDUALIZACION: cada persona es única. No hay enfermedades, sino enfermos. Aunque los síntomas de la enfermedad puedan parecerse a los de otra persona, siempre hay matices y modalidades sintomáticas diferentes; las causas de la enfermedad pueden ser diferentes y también la manera en que reaccionamos; y lo que es todavía más importante, la persona en sí misma, tiene una individualidad propia, que le hace ser quien es. Todos estos factores son tenidos en cuenta a la hora de diagnosticar el medicamento homeopático.

El segundo principio de la Homeopatía, es el de SEMEJANZA: una sustancia que produce determinados síntomas en una persona sana, es capaz de curar esos mismos síntomas en una persona enferma. Hay que entender que los SÍNTOMAS expresan el intento del organismo por restablecer la salud. Por tanto su finalidad es positiva y curativa, al menos en su inicio, y no deben ser suprimidos sin más. El Medicamento Homeopático se adapta perfectamente al intento de recuperación del cuerpo, estimulando sus propios mecanismos de auto-regulación.

El tercer principio, es la DOSIS MINIMA: la Homeopatía utiliza la dosis más pequeña, para producir una reacción en el organismo. Ello se consigue diluyendo y potenciando sucesivamente las sustancias de origen vegetal, mineral y animal. Por ello los medicamentos homeopáticos no producen efectos secundarios y pueden ser utilizados en cualquier situación (niños, ancianos, embarazadas). Sin embargo para asegurar la efectividad de los mismos, su prescripción debe ser hecha por un profesional competente. No se autoprescriba.

El cuarto principio es el del MEDICAMENTO UNICO: la Homeopatía Unicista prescribe un solo medicamento por vez, para la totalidad de la persona, es decir para la persona en sí y para todos sus síntomas y enfermedades. A lo largo del tiempo podrán ser utilizados varios medicamentos, pero nunca simultáneamente. La homeopatía no trata las ramas sino el tronco del árbol, y tronco solo hay uno.

El quinto principio es el de la CURACIÓN y la SUPRESIÓN: sólo podemos curar si tratamos la globalidad de la persona y no solo sus síntomas. Al tratar un síntoma de forma aislada corremos el riesgo de suprimirlo y dar origen así a un nuevo síntoma o enfermedad, ya que la causa del primero seguiría activa. El síntoma es como una válvula de escape de una olla a presión: no debe ser "tapado", sin apagar previamente el fuego. La Curación sigue siempre un proceso igual en cuanto a localización y tiempo: primero mejoran los órganos más profundos (mente, corazón, etc.), seguido de los más superficiales (piel y mucosas); primero se curan lo trastornos mas recientes y después los más antiguos.