LAS DEPENDENCIAS AFECTIVAS






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Cada uno de nosotros somos seres individuales, con una larga lista de necesidades personales. Nuestras necesidades son de índole física, psicológicas, emocionales, de relación, intelectuales y un largo etc.

En el terreno emocional la persona por naturaleza necesita relacionarse y necesita llenar en su vida, las diferentes parcelas afectivas, para no sentir la soledad y el vacío que produce la falta de cariño.

Hoy en día se habla mucho de que lo más importante es quererse a si mismo, y probablemente es el pilar principal para luego transmitir cariño a los demás. Pero la problemática principal que observo en las personas, es la cantidad de vacíos afectivos que arrastramos desde la infancia, que nos impiden en primer lugar apoyarnos en una buena autoestima, para caminar por la vida. Y en segundo lugar son estos vacíos los que nos llevan a esas dependencias afectivas, donde nos enganchamos afectivamente a una persona esperando que nos demuestre cuanto nos quiere, como para confirmarnos que merecemos ser queridos.

La gran trampa de ser dependiente es que normalmente tiendes a dar lo mejor de ti, para conseguir que te quieran y en muchos casos, lo que recoges son enfados injustos, exigencias desproporcionadas, culpas que no entiendes, o que al final sin ser tuyas acabas aceptando, y malos tratos ya sean físicos o psicológicos.

Es difícil a veces darnos cuenta por cual de nuestros vacíos nos estamos enganchando, a querer a personas que nos dicen que nos quieren mucho, pero que en los hechos reales a demás de darnos cariño a ratos, no nos permiten ser como somos y básicamente trasmiten reproches de lo que eres y lo que haces.

Como en las drogodependencias o el alcoholismo, en las dependencias afectivas, hay una parte de beneficio personal, donde la persona se siente bien, (por lo menos por ejemplo no se siente solo), y una parte de destrucción personal. Pero son relaciones que mientras no llenemos nuestros vacíos son difíciles de abandonar.