EL DIVORCIO Y LOS HIJOS (2)






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Reacciones de los niños ante la separación

Cada edad, en función del nivel de desarrollo del niño, presenta unas reacciones determinadas ante el divorcio de los padres. En general, los preescolares responden con un malestar profundo, con ansiedad ante la separación, miedos, incremento de conductas agresivas, inhibición, regresiones, dificultad para entender el divorcio y culpabilizarse por la separación; los niños en edad escolar, suelen presentar depresión, preocupación por la salida del padre (añorando su regreso), fantasías de responsabilidad y reconciliación, perciben el divorcio como un rechazo hacia ellos y temen verse reemplazados; los preadolescentes, pueden responder con sentimientos de cólera, culpabilizar a uno de los progenitores y , en algunos casos, desarrollar enfermedades psicosomáticas; y los adolescentes, suelen presentar ansiedad y necesidad de buscar apoyo con su grupo de iguales o adultos extrafamiliares.

Aún cuando el divorcio se realice de forma amistosa y madura, los hijos suelen presentar reacciones emocionales como respuesta a esta nueva situación a la que han de adaptarse. El período más crítico suele ser el año siguiente a la separación de los padres, donde pueden aparecer problemas emocionales, escolares, sociales y físicos, como por ejemplo:

Tristeza: La familia ha cambiado y nunca volverá a ser como antes, por lo que no sorprende que la tristeza sea la principal reacción emocional. Con la separación, el niño pierde, en mayor o menor medida, la relación cotidiana con uno de los padres, además, en ocasiones se produce otros cambios importantes como los de colegio, amigos, etc., que también ocasionan pérdidas importantes para el niño.

Miedo: También es una reacción muy frecuente, el tipo de miedos que el niño presente dependerá su edad, por ejemplo, los preescolares pueden temer ser abandonados por el padre con el que conviven o miedo a que el padre con el que no conviven deje de quererle. Los niños pueden pensar que si sus padres han dejado de quererse, también pueden dejar de quererles a ellos. Aquí es importante decirles que la relación de padres a hijos dura siempre, pero que la relación entre los adultos puede romperse.

Hiperresponsabilidad: algunos niños reaccionan asumiendo la responsabilidad de proteger sus hogares y hermanos. Estas reacciones disminuyen cuando los padres adoptan actitudes maduras, adultas y le transmiten que él no tiene que asumir las responsabilidades que le corresponden a los adultos.

Enfado: Lo expresan con actitudes de desobediencia, peleándose con profesores, padres o amigos. Es importante dejar que expresen este enfado pero de una forma aceptable, es contraproducente forzarles a guardar su enfado para sí mismos.

Culpa: Muchos niños se sienten culpables de la ruptura de sus padres, por ello es importante explicarles que ellos no son la causa de la separación y que por tanto no pueden hacer nada para arreglarlo.

Soledad: Los niños se sienten solos debido a que uno de los padres ha dejado de vivir con ellos. Además, el progenitor con el que conviven es posible que pase menos tiempo con ellos, pues necesitara ampliar la jornada laboral, asumir las tareas de la casa que antes compartía con el otro progenitor, etc., el resultado de todo esto es que el niño pasara mas tiempo solo.

Regresión: Puede que el niño empiece a hacer cosas que hacia cuando era más pequeño, estas conductas regresivas pueden ser: chuparse el dedo, hacerse pipí en la cama, tener rabietas, ser más dependiente de los padres, etc... Aquí lo importante es no castigarle por ello, sino entender que necesita principalmente apoyo y seguridad.

Problemas Escolares: Suele bajar el rendimiento académico, la atención y la concentración, abstraerse en clase,. Es fundamental el apoyo de ambos padres en las tareas escolares.

Problemas de Sueño: Ansiedad, pesadillas, negarse a ir a la cama, miedo a dormir solos e insomnio. Se a conseja que el niño hable de sus miedos y angustias con sus padres para que éstos lo tranquilicen, a ser posible en la habitación del niño, no acostándose con el padre o la madre. Además, es conveniente que el niño mantenga los mismos rituales al acostarse que antes de la separación.

Todas estas reacciones generales se consideran normales al comienzo de la separación, el niño progresivamente se irá adaptando a la nueva situación y estos síntomas irán remitiendo. Si persisten en el tiempo, es conveniente consultar con un especialista para que realice una evaluación.