TESTIMONIO DE UN FUMADOR






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Comencé, como casi todo el mundo, a lo tonto. Los primeros cigarrillos no sólo no me agradaban sino que me sabían a perros, llegando incluso a sentir náuseas...

Me parecía que fumando era "más hombre" y que el cigarro me facilitaba la comunicación con los demás invitándoles a compartir mi tabaco o sintiéndome más cerca de ellos al verme envuelto en una misma nube de humo.

Al principio una cajetilla me duraba más de una semana. No pasaba ni me apetecían más de tres cigarrillos al día. Pasado un año, la caja sólo daba de sí dos o tres días. Pronto comenzó a caer una por día y ya me resultaba difícil prescindir del tabaco.

Fumador Actualmente convierto en humo un paquete y medio diario y, en ocasiones, hasta dos al día.

Comenzaron las bienintencionadas campañas anti-tabaco. Las justas prohibiciones de fumar en sitios públicos. Los alarmantes avisos médicos...

Hoy que estoy convencido de los males y dependencias que crea el tabaco me resulta casi imposible dejarlo y muy difícil reducir su consumo. Puedo pasar, sin gran esfuerzo, sin tomar una cerveza o una copa, sin tomar café, sin presenciar espectáculos y hasta casi puedo pasar sin comer... Nada me resulta tan difícil como renunciar al tabaco. Es tal mi dependencia de él que, como un autómata, meto la mano en el bolsillo, saco el pitillo, lo enciendo, lo "consumo" y lo tiro sin darme cuenta. Apenas ha pasado un rato de tiempo y ya inicio de nuevo la misma secuencia: cuando estoy nervioso, furioso o estresado, porque parece que me relaja y me tranquiliza; cuando estoy acompañado, porque facilita la comunicación y me resulta placentero compartirlo; cuando tengo hambre porque me sacia momentáneamente; cuando estoy sólo porque me ayuda a reflexionar y concentrarme; cuando estoy aburrido parece que me distrae; cuando estoy alegre parece que agranda mi ánimo; cuando estoy triste, porque me consuela; tras el éxito, recompensa, tras el fracaso, porque alivia o castiga; por la mañana me parece que me despierta y me regula el transito intestinal. En las salidas nocturnas es importante vínculo de unión de las relaciones interpersonales...

Es interesante observar la multiplicidad de uso que le otorgamos: un recurso fácil para controlar cualquier situación emocional o fisiológica (desde esta perspectiva parece imposible que los no fumadores sobrevivan a tal "carencia").

Pero esta lamentable debilidad no ha conseguido llegar a engañarme con autojustificaciones falsas: sé que el tabaco es malo, así lo afirman y demuestran los expertos de la salud; sé que perjudica y en absoluto beneficia a nadie. El estómago, la garganta, la cabeza embotada, los apresurados latidos del corazón al correr o hacer ejercicio, son la más palpable demostración de sus nefastas consecuencias.

Cuando, hace ya más de veinte años, comencé a fumar, ni sabia ni hubiera creído que el poder nocivo del tabaco fuera tan grande. Cuando he caído en la cuenta de ello me siento incapaz de abandonarlo. Esto es mi pequeño drama: estar convencido de su maldad y no poder dejarlo sin una violencia personal que a la mayoría nos resulta sobrehumana. A lo tonto me inicié y ni a lo listo puedo dejarlo, por más que lo he intentado probando con distintos medios...

Me avergüenzo de ser fumador: me perjudico y puedo perjudicar a los demás. He perdido un cierto grado de libertad: huyo de reuniones interesantes porque en ellas no se puede fumar y se hacen interminables; me cuesta hacer visitas a hospitales o enfermos porque a la media hora tengo que salir a fumar; no asisto a conferencias o espectáculo porque cualquiera los aguanta sin fumar; me cuesta visitar a amigos y vecinos, entrañables, porque reconozco que mis humos pueden perjudicar a niños y ancianos; me da vergüenza que alguien venga a casa y tenga que someterse, inevitablemente y por más que lo disimules o quieras evitarlo, al repugnante aroma que impregna ropas, alfombras, cortinas, butacas... Me avergüenzo someter a los demás a este olor que debe resultar insoportable, sobre todo para los que tienen la sana costumbre de no fumar.

Con mucha razón el círculo de los fumadores se va reduciendo de día en día. Cada vez se puede fumar en menos sitios, los carteles van proliferando por las puertas y las salas. Y en muchos casos, para mí, el "Prohibido Fumar", es sinónimo de "Prohibido Entrar", por lo que ello me supone.

Me avergüenza ser fumador cuando me encuentro con un niño y cándidamente me recuerda que es malo; cuando el médico, cualquier médico, todo médico, es la primera pregunta que me hace; cuando hasta en la calle la gente se aparta de mis humos; cuando en el campo o en el monte pienso que por un descuido involuntario, que cualquiera puede tener, podría ser causa de un desastre ecológico.

Y finalmente, permíteme decirte que siento una gran vergüenza e incongruencia al recomendarte a ti que no fumes y lo hago con un pitillo entre las manos. Te autorizo a reírte de tal incoherencia pero no sería sincero ni contigo ni conmigo, si no te lanzara esta advertencia sincera fruto de mi estúpida experiencia. No decírtelo sería para mí una traición. Me siento en la obligación moral de decirte: si eres capaz, deja de fumar; si no lo haces, no se te ocurra empezar. Probablemente cuando quieras o te obliguen a dejarlo te sientas con unas fuerzas tan escasas como las mías. Sería lamentable que un día también tú te avergonzaras de ti mismo por una cosa tan insignificante pero cruel. Por si llego a tiempo te recuerdo: es más fácil no cogerlo que dejarlo. Si no fuera así - no te engañes- estate seguro de que casi nadie fumaría.

Como conclusión te diré si realmente quieres dejarlo y no puedes no dudes ni un instante más en pedir a gritos AYUDA a profesionales en centros especializados del sector y no caigas en el error de automedicarte para vencer este maldito hábito, no lo pospongas más porque pensar en términos de mañana, la semana próxima, más tarde, el año que viene (por aquello de año nuevo vida nueva) y otras palabras similares a menudo son sinónimos de la palabra de fracaso Nunca. Hazlo ahora y piensa "quien lo persigue lo consigue y que nunca es tarde si la dicha es buena". No olvides que esa decisión que tomas ahora es la más sabia y saludable que puedes adoptar como fumador. ¡Animo y adelante!

(Testimonio de un fumador sincero)