EL TABACO Y EL CEREBRO






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Uno de los efectos del tabaco es que impide la correcta oxigenación de las células del sistema nervioso, las cuales son especialmente sensibles a la falta de oxígeno.

Para que el cerebro humano pueda funcionar adecuadamente, necesita un aporte permanente de oxígeno y glucosa. Ambas sustancias le llegan transportadas en la sangre, a través de las arterias carótidas y vertebrales.

Cada año, mueren miles de enfermos, y otros muchos quedan incapacitados, como consecuencia de hemorragias, trombosis y embolias de las arterias cerebrales. Cualquiera de estas alteraciones, impide el flujo de sangre a una zona del cerebro. El resultado puede ser la parálisis de una parte del cuerpo, la pérdida o el deterioro de algunas funciones como el habla, el coma o incluso la muerte.

La arteriosclerosis de las arterias que irrigan el cerebro es la causa principal de estos accidentes vasculares. Tanto el régimen alimentario inadecuado como el hábito de fumar, contribuyen al depósito de colesterol en las paredes de las arterias, por lo que el fumador es blanco señalado para la senilidad y los ataques cerebrales.