EL HOMBRE QUE AMABA LOS DRAGONES






índice de cuentos, leyendas y tradiciones


*Versión libre de un cuento tradicional chino.

En Pekín, hace unos cientos de años, existió un hombre que admirada y amaba los dragones. En su época, al igual que ahora, a muchas otras personas de esa zona del mundo, les agradaban los dragones. Sin embargo, la devoción y el afecto de este hombre hacia ese mítico animal eran tan grandes, que sus amigos y familiares pensaban que se trataba de una obsesión.

Su afición venía ya desde la infancia.

Cuando contaba con sólo cinco años de edad, su abuelo le regaló un pequeño dragón de madera, pintado en rojo, verde y oro.

Esa misma noche soñó con el dragón. Se vio volando por el cielo montado en él, recorriendo el mundo y viviendo las aventuras que su mente infantil podía imaginar.

A partir de ese día cuando veía un cuadro o una figura de dragón se sentía emocionado.

Coleccionaba todo tipo de dragones. En su casa, tenía una gran cantidad de objetos que contenían dragones pintados, esculpidos, tallados, grabados, etc. Casi todos los cuadros que adornaban sus paredes tenían como motivo principal... dragones. También tenía estatuillas de madera y jade, abanicos, alfombras, lámparas, tapices con este mítico ser. Y por supuesto, numerosos libros sobre este tema.

Hasta los palillos con los que se comía en su casa tenían pintados unos pequeños dragones en la parte superior.

Su apego fue incluso mucho más lejos. Tuvo tres hijos a los que llamó: Dragón Mayor, Dragón Mediano y Pequeño Dragón. El mismo desde muy joven se hacía llamar "Dragón del Norte", aunque su nombre era otro.

Su conversación favorita: los dragones. Sus conocidos podían escucharle hablar durante horas sobre cuentos y leyendas relacionados con los dragones. Y sobre sus últimas adquisiciones: algún extraño objeto en forma de dragón.

La fama del coleccionista y experto sobre los dragones se extendió por todo el país. Si alguien quería conocer algo sobre este animal le escribía una carta o incluso viajaba para visitarle personalmente.

Cuando contaba alrededor de cuarenta años, llegó hasta los oídos de un dragón auténtico, que vivía más allá de las fronteras, el interés y el cariño que este hombre profesaba hacia los dragones.

Como es sabido, los dragones son seres tímidos, a quienes gusta pasar desapercibidos. La prueba es que es raro encontrar un ser humano que haya visto uno. Sin embargo, este dragón se sintió conmovido por la historia de este excepcional hombre y decidió ir a conocerle y mostrarle su respeto.

Voló durante una semana hasta llegar a la casa de "Dragón del Norte". Al llegar asomó la cabeza por la ventana para saludarle. Cuando este hombre vio aquella enorme cabeza de dragón con aquel aspecto demoníaco, sintió un sudor frío que heló repentinamente su cuerpo y un temblor que le paralizaba. No se sabe de dónde sacó las fuerzas para salir corriendo de su casa gritando de terror.

El dragón que no entendía esta reacción, le siguió volando intentando calmarle. Pero cuanto más le perseguía, mayor era el miedo que le causaba.

Pasados unos minutos, el dragón se dio cuenta de que este hombre le tenía miedo y se marchó.

Después de esta experiencia, "Dragón del Norte" estuvo enfermo una semana y no pudo volver a mirar ningún objeto en forma de dragón sin sentir un incontrolable pavor...