EL APRENDIZ DE MAGO






índice de cuentos, leyendas y tradiciones


Sam regresaba en tren de un corto viaje de negocios. Mientras pensaba en lo mal que le había ido observaba al único compañero en su compartimento. Era un hombre anciano de aspecto extraño, bien vestido pero huraño. Estaba leyendo un libro que parecía estar escrito a mano. Leía con interés, con avidez y, de cuando en cuando, miraba a Sam como si desconfiara de él. Esto a Sam le provocaba una cierta incomodidad, por lo que cerró los ojos para continuar pensando en sus propios asuntos.

Pasados unos minutos se quedó dormido, probablemente debido al cansancio y a las tensiones acumuladas durante las negociaciones que había vivido.

Al despertarse, observó que el señor que se sentaba frente a él, había desaparecido. Probablemente se habría apeado en una de las estaciones anteriores - pensó - y volvió a cerrar los ojos. De pronto algo le inquietó. Abrió los ojos y vio ante él, el libro que este hombre estaba leyendo.

Este hombre parecía apreciar el libro y sin embargo lo había olvidado - Se extrañó Sam.

Miró hacia el libro y lo cogió en sus manos. Se lo daré al revisor o lo dejaré en la estación cuando llegue. Este hombre no me causó buena impresión - pensó -, pero el libro parecía tener un gran valor para él. Debo intentar que lo recupere.

Y soltó el libro en su propio asiento.

Volvió a cerrar los ojos, pero de nuevo una singular inquietud y una creciente curiosidad se apoderaron de él. No pudo menos que volver a coger el libro y hojearlo.

En la página tres se podía leer:

"Libro de Alta Magia, escrito por el profesor Massim Kabim."

Sonrió cuando leyó el título y pensó: - Qué nombre tan peculiar. Seguro que es uno de estos videntes que no son capaces de ver ni siquiera sus propias limitaciones. - Y sonrió.

Continuó hojeando el libro y pudo comprobar que todo él estaba escrito a mano y perfectamente encuadernado, aunque ajado, viejo: Había sido leído muchas veces. No parecía demasiado antiguo, pero tampoco era reciente. La caligrafía parecía de principios del siglo XX y los rasgos no estaban escritos por un bolígrafo, sino por una pluma.

Sam no era anticuario, pero le agradaba recorrer los mercadillos en busca de objetos antiguos, generalmente de poco valor. Y con el tiempo había aprendido a observar, y a apreciar los detalles.

Consideraba que todo conocimiento no-científico era "tonterías para seres inferiores o influenciables". Sin embargo el libro atraía su atención y comenzó a leer en la página cinco:

"Este libro contiene importantes conocimientos sobre técnicas de Alta Magia que pueden resultar útiles o perjudiciales según se utilicen. Por favor, si no es un iniciado, no continúe leyendo..."

Y más adelante:

"... en todo caso, si decide leer el contenido de este libro y las técnicas que en él se explican, no intente ponerlas en práctica hasta haberlo leído el libro al completo y comprender perfectamente las consecuencias que pudieran derivarse de la práctica de las técnicas."

Sonrió y recordó las innumerables veces que había visto en la televisión a personajes más bien "folklóricos" que vestían como actores salidos de comedias antiguas, y cuya cultura general parecía dejar mucho que desear. Recordó cuantas veces había escuchado profecías que luego habían resultado tan absurdas como falsas.

Pero continuó leyendo y pasó a la página siete, donde estaba el índice. Sam era muy aficionado a los libros, y al encontrar el índice pensó en que cuando acude a las librerías y coge un libro entre sus manos, lo primero que busca es el índice. Así se hace una idea rápida de que puede esperar de un libro e inmediatamente evalúa si le va a interesar o no.

- Veremos que contiene este libro - pensó - y pasó su mirada por algunas líneas.

"Técnica para llamar la atención a alguien que esté de espaldas........ página 25"

- Con gritarle sería suficiente - se dijo con ironía. Y sonrió mientras pasaba a otra línea:

"Técnica para adquirir una supermemoria..................... página 38"

- A este hombre parece que no le sirve de mucho. - Recordó que este hombre había olvidado el libro. - Bueno tampoco debo ser tan injusto con este señor al que ni siquiera conozco. - Se autocorrigió.

Cerró el libro y volvió a depositarlo sobre su asiento. Cerró los ojos con ánimo de volver a dormirse.

Pero el libro había despertado ya su curiosidad. Volvió a cogerlo y comenzó a leer la página 25.

Leyó las instrucciones de la "Técnica para llamar la atención a alguien que esté de espaldas" de la página 25.

"Primero mire fijamente a la nuca de la persona a quien quiere llamar la atención y que está de espaldas a usted."

"Concéntrese unos segundos con su mirada fija en la nuca de esta persona y visualice un intenso calor que desprende su mirada y golpea la nuca tres veces."

"Sienta la inquietud que produce esto en la persona elegida y visualícela volviéndose hacia usted."

"Practique este ejercicio hasta que consiga un cien por cien de efectividad."

Lo que acababa de leer le produjo una mezcla de escepticismo y curiosidad.

Todo el mundo sabe que cuando miras a una persona esta puede volverse al sentirse mirada... Pero tampoco esta explicación puede considerarse científica. - Pensó - Por otro lado no siempre sucede. Puedes observar a una persona durante un largo tiempo y ésta no se vuelve, ni se siente observada.

En ese momento el tren disminuyó la velocidad y paró en una estación.

Miró hacia el andén y vio un grupo de tres mujeres que hablaban animadamente. Veremos que pasa - pensó. - Y comenzó a seguir las instrucciones que acababa de leer en la página 25.

Miró fijamente a la nuca de una de las mujeres, se concentró, sintió el calor de su mirada y cómo ésta la golpeaba tres veces. Por último sintió la inquietud de esta mujer y la visualizó volviéndose hacia él.

Y se quedó helado, paralizado, cuando la mujer se volvió de verdad y comenzó a mirarle fijamente... Durante un par de segundos sus miradas se cruzaron y Sam sintió la hostilidad de aquella mujer que se sentía invadida, como si Sam hubiera conseguido atravesar su alma.

Sam miró hacia otro lado mientras notaba como aquella mujer clavaba sus ojos en él y creía sentir sus pensamientos de reproche.

Para Sam, el minuto que el tren tardó en ponerse de nuevo en marcha, fue una eternidad. Se sintió aliviado y seguro cuando supo que ya la mujer no podía continuar mirándole.

Pensó sobre lo que había sucedido:

- Es una casualidad. Yo he mirado y ella se ha vuelto. Quizá no le gustó que la estuviera observando y por eso se enfadó. Seguramente eso ha sucedido.

Pero este pensamiento no conseguía acallar el murmullo que se había despertado en su interior... el libro le había atrapado.

Buscó el índice y trató de probar una nueva experiencia.

"Técnica para resolver dudas o encontrar soluciones mientras se está durmiendo......... Página 58"

Y comenzó a leer las instrucciones de la página 58.

Cerró los ojos como le sugería el libro y visualizó los problemas que había tenido durante las negociaciones de los últimos días. Y sin saber cómo se quedó dormido y tuvo un sueño.

Estaba sentado en la mesa con su interlocutor, aquel que le había hecho perder el tiempo, que había rechazado su proposición y que no había querido escuchar ninguna otra oferta posterior.

Y supo por qué. Aquel hombre le había recibido por compromiso y previamente ya había cerrado el trato con otra empresa. Nunca había tenido la menor oportunidad.

Y también supo que si le llamaba y era capaz de crear una mínima duda sobre la integridad de la otra empresa, tendría su oportunidad.

Y se despertó...

Decidido, sacó del bolsillo de su chaqueta el teléfono móvil y marcó el número de quien no había querido cerrar el trato con él.

- Señor Ferrán... Buenas tardes... Soy Sam.

- Ya le dije que no deseo hacer este trato con su empresa.

- Si, lo sé... y también sé por qué...

- No sé que quiere decir.

- Sé que un par de horas antes de recibirme había cerrado el trato con otra empresa y que tan sólo me recibió porque tenía concertada una cita conmigo.

- Bueno... No... No tengo por qué mentirle. Si, había cerrado el trato con otra persona. Este señor me pareció fiable y honesto y decidí confiar en él. Ya sabe usted que en nuestro negocio la confianza y la discreción son fundamentales... Pero ¿cómo sabe que ya había cerrado el trato?

- Piense un poco ¿cuántas personas saben que usted había cerrado el trato?

- Sólo yo y el Sr... y ahora usted... No comprendo. No es posible que este hombre se lo haya dicho a usted.

- Piense por favor: Sólo usted y él lo sabían. Y está claro que usted no me ha informado, pero yo lo sé. Piense en cuál es la explicación más lógica.

- Sam. No sé qué es lo que ha sucedido, pero no puedo confiar ya en este señor. Por otra parte no me queda tiempo para negociar con otras empresas. Envíeme el contrato y firmaré con usted. Al menos usted no me ha defraudado... Pero no piense que voy a confiarme, le estaré observando con atención.

- Gracias por su oportunidad. No le defraudaré. Gracias, gracias.

Sam no se sentía orgulloso de lo que acababa de hacer. Pero se sintió bien por lo que había conseguido.

Este libro quizá sea pueda resultar interesante. - pensó.

Cuando llegó a su casa era ya de noche y se dio cuenta de que había perdido sus llaves. Llamó a la puerta de su vecina, le pidió las llaves que le había dejado meses atrás por si algún pudiera necesitarlas.

- Suerte que soy previsor. - Se dijo, y como estaba cansado, dejó el libro en la mesa de su salón y se acostó.

A la mañana siguiente. Se despertó y lo primero que hizo fue buscar el libro.

Recordó sus dos experiencias y quiso probar alguna nueva y quizá... más interesante.

Repasó el índice y leyó varias líneas hasta encontrar una que de verdad atrajo poderosamente su atención.

"Cómo transferir su propio espíritu a otro ser vivo ...................... Página 72"

En aquella página se describía con minuciosidad cómo conseguir transferir el espíritu al cuerpo de otro animal, incluso a un cuerpo humano.

Se sorprendió de la sencillez de la técnica y pensó que era totalmente imposible que pudiera funcionar.

De nuevo la curiosidad pudo con él y a pesar de que estaba convencido de que no obtendría ningún resultado decidió intentarlo.

¿Elegiría un ser humano? ¿A quién? No, no podía ser un humano. Sería un animal.

¿Qué mas da? ¿Qué importancia tiene? - Se preguntó. - Pero aún así decidió practicar la técnica con un animal.

Por la calle pasaba en ese momento un gato. El sería. Con él lo intentaría. Se sentó en una silla y comenzó a seguir las instrucciones que había leído en el libro.

Perdió la consciencia en lo que había parecido un sueño ligero. Y se despertó...

Se sintió extraño. Todo se había vuelto de repente más grande, mucho más grande. Veía los coches como gigantes. Las ruedas eran mayores que él. Además él estaba en casa y ahora se encontraba en la calle... Ha funcionado. Estoy dentro del gato. Soy un gato...

Saltó y pudo comprobar su extraordinaria agilidad. Su cuerpo era ahora fuerte y flexible. Trepó a un árbol y comprobó la facilidad con la que podía hacerlo. Hizo equilibrios sobre una valla. Se sentía excitado por esas experiencias.

- Nunca pensé que ser gato fuese tan divertido. Me siento... ¡bien! - y corrió y saltó sólo por el placer de hacerlo.

Si lo cuento no me creerán. Quizá no deba hacerlo. Aprenderé del libro y adquiriré poderes extraordinarios. Estoy deseando volver a casa para continuar aprendiendo. Pero en ese momento se dio cuenta de algo...

- ¿Cómo volveré? ¿Cómo podré hacer para volver a mi cuerpo, a mi vida? El libro no decía nada sobre como regresar... Bueno quizá el libro lo explique, pero yo no lo leí. - Y recordó las advertencias de la página 5.

Y la angustia se apoderó de él:

- ¿Qué pasará si no puedo volver? ¿Qué será de mi cuerpo? ¿Estaré dormido, en coma, muerto? ¡No, estoy vivo y despierto! ¿Por qué me he metido en este lío?

E intentó calmarse:

- Lo mejor es conservar la calma. Soy un gato, puedo trepar, puedo entrar en mi casa y puedo pasar las páginas del libro. Puedo leerlas y puedo buscar la forma de revertir esta situación. Eso es lo que haré.

En ese momento vio en la calle un rostro que le resultaba familiar. Era el hombre que estaba sentado frente a él en el tren, el dueño del libro. El podría ayudarle.

Se acercó corriendo hacia él, e intentó comunicarse. Pero no pudo articular palabra alguna, sólo maullidos ininteligibles para un humano.

Ese hombre le miró y sonrió maliciosamente, como si supiera quién era él de verdad.

Pero qué estaba haciendo ¿por qué entraba en su portal? Sabía que no era vecino suyo. Decidió seguirle y aprovechó la lentitud de la puerta al cerrarse para colarse.

- ¡Ven gatito! - Le dijo. A Sam le sorprendió tanta simpatía. - ¡Ven gatito, ven a casa!

Sam vio como el extraño llegó hasta la puerta de su casa y sacó su llavero, el que había perdido. ¿Qué estaba pasando?

Abrió la puerta y entró en el piso con la tranquilidad de quien accede a su propia casa. Sam consiguió introducirse antes de que el anciano cerrara.

- ¡Ven gatito, ven! - Y el anciano volvió a sonreír con falsa amabilidad.

Sam pudo ver cómo este hombre recorrió cada una de las estancias de la casa, como quien quiere reconocer el terreno.

- ¿Quién es este hombre y qué hace en mi casa? ¿Cuáles son sus intenciones? - Sam se sentía impotente y estaba perplejo ante la tranquilidad con la que aquel hombre actuaba.

El anciano se acercó al cuerpo humano de Sam. Estaba sentado pero rígido y tenía los ojos abiertos. Para Sam era como verse muerto. Esto le espantó.

El hombre tomó la cabeza humana de Sam entre las manos, y miró fijamente a sus ojos. De repente el cuerpo del anciano se desplomó. Sam se sobresaltó. No podía creer lo que estaba viendo...

Pasados unos segundos, el cuerpo humano de Sam comenzó a moverse. Se levantó, estiró los brazos, bostezó y fue a mirarse a un espejo.

- ¡No está nada mal! - dijo - ¡No está nada mal!

Fue al salón y recogió el libro. Vio el teléfono móvil y marcó un número. Sam, aunque no podía hacer nada, no perdía detalle y pensó que debía escuchar con atención aquella conversación.

- ¿Es la policía...? Si, quiero informarles sobre un fallecimiento... No, no se trata de una muerte violenta... Ayer conocí un anciano muy amable en el tren... Hoy vino a visitarme y parece ser que ha sufrido un infarto... Si, he intentado reanimarle, pero no tiene pulso... Estoy seguro de que ha fallecido... Si, vengan por favor y llamen a una ambulancia... Gracias, les espero... Si, mi dirección es...

Y después de colgar el teléfono sonrió maliciosamente al gato:

- ¡Gatito, gatito! ¡Ven gatito!