LA IMPORTANCIA DE APRENDER A DECIR "NO"






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"SI" O "NO" ESTA ES LA CUESTION

Un joven escucha una confidencia de un amigo:

- Estoy en un apuro. Necesito urgentemente una cantidad de dinero para poder comprar el regalo de boda de mi hermana, que se casa el mes que viene. Sabes que me gusta vivir al día y nunca ahorro. El dinero se me va de entre las manos sin saber cómo. Tú en cambio, eres prudente y previsor y creo que debes tener dinero en tu cuenta. ¿Podrías hacerme este favor? Sabes que puedes confiar en mí.

Una empleada escucha una petición de su jefe:

- María, estos días tenemos mucho trabajo atrasado y me pregunto si podría quedarse esta tarde un par de horas más para poder recuperarlo. Ya sabe que la empresa no puede pagarle horas extras, pero aún así contamos con Vd.

Son situaciones corrientes en las cuales unas personas piden un favor a otras. Y lo hacen en un tono tan amable y convencido que resulta difícil decir "NO".

La antigua moral nos dice que "debemos ayudar a los demás siempre que podamos". Nada que objetar, pero ¿realmente estamos ayudando cuando accedemos a las peticiones de otras personas? o ¿estamos simplemente siendo utilizados por quienes no son merecedores de nuestra ayuda?

A veces es difícil saber si se trata de una ayuda desinteresada por nuestra parte o de una manipulación egoísta por parte de otras personas.

Pero en esta ocasión no vamos a hablar de esa dificultad, sino de las ocasiones claras en las que, sabiendo que deberíamos negarnos, nos plegamos a las peticiones de otras personas... Vamos a hablar de cuando decimos "SI" y realmente desearíamos responder "NO".

¿Por qué lo hacemos? Las causas aparentes pueden ser muchas:

- No decepcionar a alguien.

- Compensar favores pasados o futuros.

- Demostrar o demostrarnos que somos buenas personas.

- Nuestra ética nos impide negar ayuda.

- Evitar conflictos que creemos innecesarios.

- Y otras muchas...

Algunos de estos motivos (o mejor, disculpas) parecen tener un cierto sentido, pero es pura apariencia. Puesto que si realmente quisiéramos decir "SI" nos sentiríamos bien cuando lo hacemos y no le daríamos más vueltas al asunto.

Resulta obvio que cuando decimos "SI" y nos sentimos mal, es porque estamos yendo en contra de nuestra propia voluntad.

EL PRECIO DE DECIR "SI" CUANDO QUEREMOS DECIR "NO"

Si analizamos con profundidad las motivaciones reales de por qué aceptamos lo que no queremos, llegaremos a la conclusión de que la mayor parte de las veces existe una cierta cobardía o la aceptación de una posición de inferioridad ante alguien a quien consideramos mejor o más fuerte.

Quizá sea cierto que evitemos algún conflicto y que la persona a quien respondemos "SI" se sentirá mejor. Pero debemos valorar el precio (los precios) de aceptar lo que no deseamos.

- Nuestra autoestima caerá en picado.

- Aceptaremos y reforzaremos nuestra inferioridad.

- Enseñaremos a otras personas qué tan sólo tienen que pedir lo que quieran y lo tendrán.

- Nos sentiremos miserables por haber aceptado lo que no queríamos.

- Tendremos la pérdida causada (dinero, tiempo, etc.).

- La persona que se ha aprovechado de nosotros, en lugar de apreciarnos o querernos, pensará que somos estúpidos.

- Perderemos imagen ante las personas que se enteren de que hemos sido víctimas de un engaño o de una manipulación. No pensarán que somos buenos, sino débiles e influenciables.

Los que estáis leyendo estas líneas podréis añadir muchos otros precios que habéis pagado en vuestra experiencia vital o que habéis visto que otras personas han pagado.

APRENDER A DECIR "NO"

Cuesta, pero debemos intentarlo. Y como cualquier otra habilidad, cuando más se practica, mejor sale.

Por último y para que no haya ningún malentendido. La idea que quiero transmitir no es en absoluto que hay que ser egoísta y no ayudar a nadie, para que nadie nos pueda utilizar.

El que no se permite ser generoso, se priva a sí mismo de la satisfacción que produce.