LOS TRASTORNOS DE LA ALIMENTACION Y NUESTRO SISTEMA FAMILIAR






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Hay algo que hacemos todos los días, durante todos los días de nuestra vida: comer.

El acto de comer tiene además un valor añadido en el que muy pocas veces reparamos. Comemos, desde luego, por necesidad, nuestra vida y nuestra salud dependen de ello, de los alimentos que elijamos dependerá, en gran medida, nuestro bienestar y la calidad de la energía con la que afrontaremos la vida.

Pero el acto de comer también puede ser un placer; una forma de socializarnos, de compartir y formar parte de una determinada cultura; de indicar o sellar nuestra pertenencia a un grupo o a una clase social; de celebrar, agasajar o premiar, lo que hará aumentar nuestra autoestima; o por el contrario, de castigar, lo que conllevará sensación de frustración y culpa; o una forma de protestar, por ejemplo, iniciando una huelga de hambre.

También es una forma de manifestar nuestro compromiso con una confesión religiosa, siguiendo sus prescripciones dietéticas, como los ayunos de Cuaresma para los cristianos o los del Ramadán para los musulmanes.

Con el consumo de ciertos alimentos pretendemos satisfacer algunas carencias emocionales, dulces y chocolates, cuando hay necesidad de afecto o de "dulzura" en nuestra vida; alcohol, cuando hay necesidad de expansión o relajación.

Con el acto de comer también se intenta a veces llenar un vacío, que nunca se verá colmado por este medio. El vacío que ha dejado en nosotros la soledad, el abandono o el aburrimiento.

Contacto con el mundo exterior

Mas también la acción de alimentarnos supone un intercambio con el mundo exterior, de él proceden los productos: carnes, pescados, verduras, frutas., que vamos a incorporar a nuestra estructura. El sol, el agua, la tierra, tras un complejo proceso de transformación, van a formar parte de nuestro cuerpo.

Relación con nuestro cuerpo

La relación con la comida también expresa la relación que mantenemos con nuestro cuerpo ¿lo cuido? ¿Lo respeto? ¿Lo considero digno de alimentarlo de una manera adecuada, o me dejo llevar por los gustos y modas del momento, mientras estoy comprometiendo seriamente su bienestar y equilibrio, que es tanto como decir el mío propio?

Nuestro sistema familiar

Pero vamos a dar un paso más, hasta ahora parece que hemos estado hablando del individuo como un ser aislado, pero esto nunca es así. La persona está siempre en relación con otros seres humanos siempre está formando parte de un sistema. Y dentro de él se desarrolla, crece y llega a ser precisamente eso: persona. Y es nuestro sistema familiar el que más profundamente afecta nuestra personalidad, nuestras relaciones y nuestro comportamiento. Moldea nuestros valores, actitudes y creencias sobre nosotros mismos, los demás y nuestra vida, y por supuesto, como no podía ser de otra manera, también afecta a la manera en cómo me alimento.

Cuando era pequeño fui alimentado dentro de este sistema, mis primeras experiencias asociadas a la comida provienen de esa época, y cómo fueron ¿me premiaban o castigaban con la comida? ¿Las comidas era momento de reunión familiar y comunicación u ocasión para que se manifestasen los conflictos familiares? ¿Eran escuchados mis gustos y necesidades? ¿Quién controlaba la alimentación de mi familia y quién ejercía el poder a través de este control?

Y ampliando el campo de visión un poco más, incluyendo a generaciones precedentes a mi núcleo familiar podemos preguntarnos si en algunos momentos o épocas mi familia ha pasado hambre o penuria, o por el contrario, si ha vivido en un ambiente de abundancia y seguridad; y aún un poco más, y ver cómo se ha ganado el dinero en mi familia para asegurarse esa abundancia, ¿era quizá a costa de que otros pasasen hambre?.

Porque todas estas circunstancias, vivencias, y emociones, gravitan sobre la conciencia familiar de la que formo parte y afectan a sus miembros de una u otra forma, aún más de lo que me pueda imaginar o desear.

Y en algunos miembros de estas familias aparece un comportamiento en su relación con la comida que no resulta equilibrado, que es una fuente de malestar y que a veces ocasiona enfermedad y lleva a la muerte: anorexia, bulimia, ingesta compulsiva de alimentos, obesidad, dependencia de ciertos alimentos, incapacidad de alimentarse adecuadamente, obsesión por un cuerpo esbelto., cuyas causas últimas, como hemos ido viendo, hay que buscarlas en muchas áreas y que podemos resumir en varios apartados:

Factores que inciden en los trastornos alimentarios

Factores genéticos:

Se están investigando ciertas bases genéticas que pueden hacer a la persona más vulnerable para padecer algún trastorno alimentario.

Factores socio-culturales:

Que pueden ser precipitantes, agravadores y mantenedores de este comportamiento y que afectan y "presionan" especialmente a la mujer, y sobre todo a las adolescentes.

En estos momentos, el modelo de belleza, éxito y perfección se asienta en un cuerpo delgado, extremadamente delgado:

- Modelos publicitaros.
- Tallas pequeñas en las tiendas de ropa para jóvenes.
- Floreciente y próspera industria de agentes y servicios adelgazantes: dietas, cremas, cirugía.
- Culto a lo superficial, a la imagen corporal, olvidando el contenido y lo realmente valioso, el respeto y la dignidad de uno mismo, más allá de los kilos y las arrugas.

Porque el objetivo principal no es estar delgado, sino estar bien, encontrarme bien conmigo mismo/a y con mi cuerpo, al que respeto y cuido.

Factores individuales

Serían los trastornos psicopatológicos previos que han favorecido la aparición de esta disfunción, sobre todo las más serias, y que las van a acompañar y a agravar: depresión, ansiedad, patología obsesivo-compulsiva..

Factores familiares

Ya hemos visto algunos cuando nos hemos referido al sistema familiar, pero también habría que ver cuál es mi relación con mis padres.

Si he sido valorado/a como persona, con independencia de cuál es mi sexo, dentro de mi familia, especialmente por mi padre.

Si soy mujer, si me parece aceptable y asumible por mí el modelo de mujer que representa mi madre.

Si existen graves conflictos familiares o incluso si ha habido abusos o maltrato.

Como se ve no existe una única causa que desencadene un trastorno del comportamiento alimentario sino que puede haber varias, y a cada individuo le afectarán más unas u otras. Pero la mayor parte de ellas serán inconscientes y actuarán en nuestra vida desde esa parte de nosotros mismos sobre la que no se despliega la luz de nuestra conciencia.

La gran virtud del trabajo con "constelaciones familiares" (terapia familiar sistémica) es que se puede traer a la luz la dinámica interna que está actuando, comprenderla y modificarla, para conseguir una nueva relación más saludable con el alimento, con nuestro cuerpo y con nosotros mismos.

Y esto es lo que enseño en el taller del mismo nombre que, abierto a toda persona, que sienta que algo no funciona bien en su relación con la comida y que quiera mejorarlo, porque mejorando este aspecto es seguro que aportará luz y equilibrio a muchas otras áreas de su vida, ya que a través de la relación que mantengo con el alimento se está también manifestando la relación que mantengo con mi cuerpo y conmigo mismo/a.